domingo, 16 de mayo de 2010

La riqueza de la diversidad

"Si difieres de mí, hermano mío, lejos de menguarme, me enriqueces"
Antoine de Saint-Exupéry

No se me ocurre nada más que agregar a esta frase, creo que ya lo dice todo. Saint-Exupéry sigue siendo para mí una fuente inagotable de ideas, todas tan simples como profundas.
El Principito explota magistralmente esta combinación de simplicidad y a la vez profundidad, sólo al alcance a veces, como dice el mismo protagonista, de los ojos del corazón.
Tal vez si dejáramos de vernos como enemigos, compitiendo por imponer una idea o por controlar al que tenemos enfrente,... Si pasáramos a vernos como amigos, como compañeros, como Hermanos, buscando juntos mejorarnos mutuamente en nuestra diversidad,... Tal vez entonces las guerras desaparecerían, las luchas pasarían a ser colaboraciones, las rupturas se volverían fuertes lazos de unión,...
Entonces todo sería como estoy seguro que todos queremos que sea.

Sigamos, juntos

1 comentario:

  1. Esta certera frase del autor de El Principito la leí hace años en una revista del gran Tony de Mello -secuestrada, posteriormente por la Jerarquía Eclesiástica y que yo conservo como oro en paño-, y como me gusta tanto el espíritu sencillo y libre de ese Autor, mi natural rebeldía ha hecho que haga caso omiso de aquel consejo de no tocar más la Rosa, y yo me he atrevido a tocar esa sabia frase hasta exprimirla al máximo, y uno de las variantes que me ha salido de ese zumo sabio y delicioso es la siguiente:
    Venimos a este mundo como sólo la mitad de una unidad que incluye un sinfín de virtudes y cosas buenas, y pasamos por la vida muy a gusto en tanto no choquemos con esas otras cualidades de la otra mitad que no reconocemos como nuestras (son de la otra mitad), y que creemos que en vez de integrarlas, tenemos que combatirlas hasta dar nuestra vida, por estar convencidos de que son malas y equivocadas. Y la vida no hace más que rodearnos de ellas precisamente para que las integremos y las experimentemos. Es muy posible que tras nuestro sacrifio luchando siempre por esas "nuestras" impecables ideas y rechazar las otras, nos recuerden como héroes, e incluso nos hagan santos o santas... pero esa vanidad sólo sirve para este circo o teatro que se montan aquí los hombres que apenas entienden de nada y continúan dando culto al ego más allá de la muerte. Para las Leyes que gobiernan la Vida y el Universo en todas sus manifestaciones, esos títulos, podios, altares y vanidades no cuentan para nada, pues seguiremos siendo esas medias partes que, por tontas o soberbias, no se supieron integrar a su otra opuesta mitad y haberse realizado como seres integrales o completos. De modo que tendríamos que volver a repetir hasta enterarnos de que todo el secreto consiste en integrar los opuestos. Nada más sencillo de explicar, pero tan difícil de llevarlo a cabo. He dicho con mi mayor y atrevido respeto.

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