sábado, 5 de junio de 2010

Los hijos de la Vida

Tus hijos no son tus hijos, son hijos e hijas de la vida, deseosa de si misma. No vienen de ti, sino a través de ti y aunque estén contigo no te pertenecen”. Kahlil Gibran

Y cuando vemos que la vida nos elige para expresarse con frutos cada vez más maduros, sentimos un callado orgullo interior difícil de explicar.
Esta no es una entrada como las demás de este blog, aunque la haya iniciado con un formato similar a otras. En esta ocasión el contenido es obra de uno de mis hijos, perdón, de un hijo de la vida que ha venido a través de dos personas que comparten todo lo que realmente es importante en la vida.
Son dos hijos y dos hijas de la vida, cuatro rayos cada uno con brillo propio, cada uno preparado para llevar adelante una misión que van descubriendo día a día en la libertad que sabemos que tenemos que dejarles.
Esto es de uno de ellos, una muestra simplemente de que ha valido la pena el esfuerzo realizado. Y el fruto es igual de rico en todas las cuatro ramas. Gracias, José Antonio, por esta perla, vemos que sí que has aprendido, que sí que habéis aprendido.
Esta es su aportación:

He aprendido…

Que sólo en un aquí, ahora, podré estar donde quiera, para siempre.
Que a veces hay que perder para ganar. Y seguir apostando con el corazón, a todo o nada.
Y, claro, he aprendido a ganar, y a perder. Y que no siempre alguien tiene que perder para que otro gane.
Compartir mi tesoro, para que tenga valor.
Que no hay que agachar la cabeza, sino ir bien erguido, pero sin sacar pecho. A dar las gracias y aceptarlas, mirando a los ojos.
A callar. Y a no callar.
A reír cuando he querido, y a llorar cuando debía, sin ocultar las lágrimas tras la vergüenza.
A buscar la belleza donde nadie la encuentra,
Aprendí a pedir perdón y ser perdonado.
Que un abrazo es bueno, cuando puedes sentir el latido de otro corazón.
Que uno más uno no suman uno, si sólo son medias partes.
Que cada uno ama como debe amar, cuando lo hace y ya no espera que le amen como ama.
Que todos tenemos nuestro propio libro de aprendizaje, y nadie puede recorrer el camino, mi camino, por mí, ni yo debo hacerlo por nadie.
Aprendí a aprender, olvidando haber aprendido.
Que si lo aprendo todo, no sabré nada.
Que he aprendido mucho, pero aun me queda mucho por aprender.
Que somos, por naturaleza, meros aprendices, que no saben que son maestros.

Ayúdame. Aprendamos juntos.
Un aprendiz.
Con tan sólo tres años.

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Nada que añadir. Hoy incluso quiero cambiar mi habitual despedida (Sigamos, juntos) por la que él incluye en su texto:
Ayúdame. Aprendamos juntos.

2 comentarios:

  1. Pues sigamos aprendiendo y compartiendo todo paso a paso, para que el aprendizaje tenga más sentido.
    Gracias por esa introducción que nos haces y por habernos "dejado ser" a través de vosotros.

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  2. Pues sigamos aprendiendo de cada momento y seamos aprendices de cada nueva experiencia ( buena o mala) que nos está esperando a la vuelta de la esquina, diferente para cada uno y de gran valor si la sabemos apreciar.Yo apuesto por seguir aprendiendo de los demas y que los demas puedan aprender de mi.

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