domingo, 19 de septiembre de 2010

Mis maestros

Hoy quiero rendir un homenaje a mis maestros. Porque creo que he sido un afortunado al contar con tantos instructores que a lo largo de mi vida han ido ayudándome a descubrir realidades que tenía delante y no veía, ayudándome con extrema paciencia a superar pruebas que me han hecho más consciente de mi vida, ayudándome, sobre todo, a conocerme a mí mismo.


Este de la foto es Horus, uno de esos maestros, que hoy comparte su vida conmigo. Sí, es un gato, grande, inquieto, cariñoso, juguetón, un gato que acude a su nombre, que se le habla y responde, que me trae pelotitas de papel para que yo se las tire. Un gato que me permite aprender sobre la libertad, sobre cómo vemos el mundo cada uno, sobre qué papel jugamos aquí y ahora, sobre lo relativo de muchas cosas. Sólo tengo que observarlo, y él me enseña. Gracias, Horus.

Y antes de Horus estuvo con nosotros Queen, una preciosa perrita que durante 15 años fue una constante alegría en la casa. Era la ternura y el cariño personificados, si este calificativo es aplicable a una perrita. Aunque yo creo que a Queen eran aplicables éste y muchos más calificativos especiales. ¡Cuántas cosas y de qué manera tan sencilla me enseñó!

Antes estuvo Ulises, el señor de los siameses. Enorme, majestuoso, insustituible en esta saga. Y Apolo, menos tiempo, pero entrañable, y otros muchos pequeños compañeritos de diferentes especies, cada uno con sus magníficas particularidades. Todos grandes maestros que me enseñaron, poco a poco, a aprender.

Naturalmente, también ha sido larga la lista de personas que cuento entre mis maestros, y entre ellos estáis todos vosotros, todos los que os habéis cruzado un día en mi vida y habéis aportado algo a ella, quizás incluso sin ser conscientes de ello. Porque creo que en nuestro vivir diario coparticipamos en un intrincado juego de pruebas y ayudas cruzadas, para pasarlas juntos y aprender juntos, con la opción siempre libre de aceptar la prueba o rechazarla.

No, no creo que el mundo sea una carrera de obstáculos, sino una sucesión de oportunidades para nuestra experimentación personal y nuestro desarrollo con su superación. Pero normalmente lo vemos todo en nuestra contra, evitamos la prueba y lo único que conseguimos en encontrarla de nuevo a la vuelta de la esquina y con dificultades añadidas posiblemente.

Claro, no nos gustan los problemas, como no nos gustaban los de matemáticas cuando estábamos estudiando. Pero, si no recuerdo mal, aquellos problemas no tenían el objetivo de fastidiarnos la existencia (aunque nos lo pareciera), sino de enseñarnos unas asignaturas. Pues ahora es igual, y seguimos siendo tan niños como antes en muchas cosas.

Y hoy quiero, como decía al principio, daros las gracias a todos desde aquí por vuestra enseñanza, aunque no todos desde luego vayáis a leerlo. Ni siquiera Horus, aquí a mi lado sobre la mesa, lo leerá, pero no importa, a todos os llegará la emoción de mi agradecimiento. Esto va así.

Por si alguno se siente ofendido al haberle metido en el mismo saco que a Horus, Queen o Ulises, que recapacite un poquito y piense qué papel juega cada uno en la vida, si realmente hay diferencias entre cualquier clase de Vida (y todo es Vida), más que las que algunos orgullosos humanos, de cuestionable altura a mi entender, se han autoatribuido.

Ese es el orgullo que nos infla tanto que luego nos impide entrar por la “puerta estrecha” que da acceso al “Reino de los Cielos” (Lucas 13, 22-30). O demasiados “metales vulgares” en nuestros bolsillos para poder alcanzar ciertas alturas, si preferís una metáfora de diferente entorno.

Para el resto no ofendido, que no gusto de llamar humildes, sino sencillamente conscientes de la grandeza de su naturaleza interior, enhorabuena por haber aprovechado las enseñanzas que nos hemos ido cruzando cada día.

Sigamos, juntos.

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