domingo, 7 de noviembre de 2010

¡Sapere aude!

Por diferentes lugares esta famosa frase reaparece en mi entorno, y no encuentro mejor excusa que ella para romper esta etapa de silencio (que no de inactividad precisamente) en la que el blog ha estado en reposo.

Sapere aude, porque sólo los osados van a alguna parte, porque sólo sabiendo se sale de la masa manipulable, porque sólo con sabia osadía se puede vivir lo que realmente vale la pena vivir.

Sigo y seguiré buscado un mundo de todos juntos en armonía. Será una utopía para algunos, pero estoy seguro que muchos lo compartimos como posible. A los que busque esa unidad por encima de todo, ¡bienvenidos a este barco, bienvenidos a este Arca donde cabemos todos!. A los demás, suerte en su singladura y que la travesía les resulte placentera y provechosa.

Mientras siga en la fase de aprender a mejorar el control de mi nave, procuraré que las distracciones no me desvíen del rumbo, especialmente las distracciones sutiles o disfrazadas, las más peligrosas. Hay tanto interesante que aprender, que no pienso dejar que "el mundo" me dirija ("el diablo" y "la carne" parecen más fáciles de identificar).

A veces nos esforzamos en discusiones para mejorar un mundo que no nos gusta, y lo único que hacemos es intentar imponer nuestro personal visión de ese mundo, cayendo sin darnos cuenta en alguno de los errores que precisamente alardeamos de pretender evitar. Por eso no entro en muchas discusiones.

Voy a coger el timón de mi nave y mirar por encima de la barandilla, para poder ver el horizonte. Si seguimos limpiando la bodega, o pintando de colores los camerinos, sólo conseguiremos naufragar en un barco preciosamente limpio.

Mantengamos el navío limpio y en forma, pero dando toda la prioridad a la marcha a ritmo adecuado hacia el puerto buscado. Cuidado con los “animadores” cuyo trabajo consiste en que el pasaje disfrute del viaje, sin pensar en nada más. Yo no quiero ser simple pasajero de un barco dirigido por unas tripulación que se presenta con bonitos uniformes y botella de cava en la mano, para que nos dejemos llevar algo embriagados a donde ellos han decidido.

Yo voy a formar parte activa en este crucero, porque la carta náutica está ahí abierta ante todo el que quiera estudiarla, y todos estamos preparados para asumir el papel que realmente nos corresponde.

Cuando salimos de la sala de calderas y descubrimos que había un mundo de lujo y disfrute por encima, este panorama nos encandiló y nos atrapó en sus cómodas estancias con juegos, bailes y banquetes. Y nos olvidamos de la dura sala de máquinas a la vez que nos acomodábamos en ese nivel intermedio, sin problemas, pero cerrado en sí mismo. Porque si salíamos a cubierta sólo podíamos ver la piscina, las tumbonas o la barra libre. Los “problemas graves” eran que se acabara la cerveza o que estuviera nublado, mientras dedicábamos nuestras energías a coger la hamaca mejor situada o a organizar la partida de cartas de la noche, máxima aspiración de trabajo en común.

Un día decidí dejar esa cómoda apariencia para asumir la responsabilidad de dirigir mi vida, sin enfrentarme a nada, pero sin aceptar nada simplemente porque lo decía don fulano o porque siempre se había hecho así. No sé cual de estas dos opciones me da más recelo. Respeto la opinión de don fulano, pero puede que no sea la adecuada para mí, y hacer lo que se ha hecho siempre es la manera más segura para no progresar. Eso sí, ambas opciones son cómodas y exentas de responsabilidad personal. Pero ninguna me vale a priori.

Un día conseguí levantarme un poquitín la venda que me habían puesto en los ojos, y lo que empecé a ver me deslumbró. Pero lejos de asustarme me esforcé en adaptarme a esa nueva visión. Poco a poco voy intuyendo siluetas entre la luz, porque, no sé bien por qué, conseguí que el mundo que hasta entonces consideraba normal dejara de monopolizar mi atención. Hoy sigo intentando levantar ese velo sutil, pero sin perder la referencia de esta dimensionalidad. Sigo trabajando en unificar cualquier aparente dualidad, sin recurrir a la rápida simplificación de quitar una de las columnas. Sigo esforzándome en unificar todo lo que aporta la ciencia y la espiritualidad, prefiriendo un enfoque integrador antes que cualquiera que considere uno de los aspectos por encima del otro.

Seguiré siendo un eterno estudiante en busca de esa sabiduría (sapere) que dé alas cada vez más poderosas al atrevimiento (aude) para alcanzar nuevas metas. Es el antiguo y eterno camino, donde sólo hay trabajo y responsabilidad, donde sólo hay el camino, pero donde se puede descubrir tanto…!

Sigamos, juntos.