viernes, 4 de febrero de 2011

Resurgiendo

Ha sido un tiempo de calma, sólo de calma. Calma aparente.

Cuando pones la semilla en la tierra y riegas, todo permanece en calma. Aparentemente. En el momento oportuno, la vida se pone en marcha y dentro de esa cosita minúscula, antes incluso de que pudiéramos apreciar nada, la vida empieza a surgir, desde dentro, donde siempre estuvo, donde siempre está.

Y también en su momento la semilla se abrirá y un brote frágil, delicado, saldrá decidido hacia arriba en la oscuridad de la tierra que a la vez lo protege y lo alimenta. Poco a poco, el brote empezará a asomar tímidamente por la superficie, buscando seguir hacia arriba, buscando la luz. Y ahora será el sol quien guíe su marcha y aliente su crecimiento. El agua, siempre el agua, seguirá detrás de todas las funciones que sostienen esa vida, desde la época oscura inicial hasta la más luminosa. Siempre el agua como matriz.

Y del agua y del sol, del aire y de la tierra, la vida creará belleza, si es que la vida en sí no era ya suficiente belleza. Y la flor lucirá sus galas como devolviendo en sus colores lo que ha tomado prestado del sol, del agua, de la tierra y del aire. Luego, para no quedarse con nada, para multiplicar su propia esencia, dará mil nuevos gérmenes que serán mil nuevas luces para la alumbrar el mundo.


No, no hay que buscar nada fuera de este mundo, todo está aquí, a la vista de todos. Aunque las gafas oscuras, negras a veces, no nos dejen verlo. Aunque el concepto de “este mundo” puede ser de una amplitud diferente para cada uno.

Todo está aquí, donde siempre ha estado y donde siempre estará. No hay que buscarlo más arriba ni más allá, sino aquí y ahora. Dentro, tan dentro que se nos hace difícil verlo, acostumbrados a mirar por encima de los demás, a andar a empujones en busca de no sé cuantas metas que sólo nos distraen y nos despistan, que sólo nos alejan de nuestro objetivo.

Hay muchas formas de llamarlo, todas tan válidas como inexactas, y por esas palabras muchos hombres han dado la vida. No creo que valga la pena discutir lo que no admite discusión, no por rechazar el debate ni por considerar que haya una verdad absoluta, sino porque aún el hombre no puede discutir sobre “eso” con el hombre. Cada cual puede y debe tener su idea propia, y todas son respetables, TODAS, incluida la tuya y la mía.

Y el Arca, este blog, sigue abierta a esa diversidad. Como la de Noé, lleva dentro todas las especies de vida, y con capacidad de reproducirse, de crecer. No ha estado varada, ni mucho menos desaparecida. Sólo estaba en una fase más latente que manifiesta. Pero llena de energía, y ahora brotando de nuevo.

Han pasado cosas, muy diversas y todas importantes. No hay nada que no sea importante, aunque muchas veces no nos percatemos de su trascendencia en la vorágine diaria. No hay azar, aunque apliquemos este concepto a aquello que no llegamos a encontrar su causa. Nuestra mente no puede asociar la cadena de causalidades que nos llevan de una situación a otra. Y nos auto-tranquilizamos llamándolo azar, casualidad, destino, o incluso deseos de divinidades que no tuvieran otra cosa en qué entretenerse.

No, el Arca no está varada. Navega con un rumbo muy fijo por el océano de la vida, con cabida para todo el que quiera arriesgarse a dejar el mundo de los que se llaman cuerdos mientras se matan entre sí sin ni siquiera darse cuenta, y prefieran poner proa hacia un mundo de locos donde reine la transparencia, la sinceridad y la auténtica, y tan extraña, libertad.

Es un viaje duro, muy duro, porque ese mundo de “cuerdos” no deja que nadie se escape, y te llamarán “loco”. Una vez más, usarán las palabras sin saber qué dicen. Pero así debe ser, y todo estará bien, los dos mundos deben coexistir, son a la vez necesarios. Pero eso es ya otra historia…

Seguimos, juntos.