viernes, 2 de septiembre de 2011

"La música puede variar profundamente el cerebro"

En este enlace que me ha enviado un gran amigo hay una interesante entrevista que confirma cómo la ciencia avanza por caminos realmente nuevos para ella, cómo va enlazando diferentes disciplinas que tradicionalmente ha considerado de manera aislada, separada, independientes entre sí.
Este hombre estudia neurociencia, psicología biológica, neurobiología y sociología especializada en cognición, y ve la gran relación existente entre estas materias. Se atreve a enlazar música y lenguaje como algo más que dos tipos de sonidos, y apunta hacia los aspectos terapéuticos de la música. Un camino a seguir, a mi entender.
Estudia la relación existente entre lo emocional, lo cognitivo e incluso lo fisiológico, y lo hace todo a través de la música, posiblemente una de las formas más eficaces de conseguir resultados como los que él dice estar obteniendo.
Porque todo eso se cuece en nuestro cerebro, el centro de proceso de la información que le llega del exterior en forma de ondas, de uno u otro tipo. ¿Y qué es la música sino ondas (a frecuencias audibles) con una cierta armonía?
Fíjate que dice que “cuando los humanos están en armonía, cuando cooperan, emerge la cohesión social”. ¿Recuerda lo que puede pasar en un puente cuando un grupo militar pasa marcando el paso? Es la fuerza de un grupo trabajando en una misma dirección, es sencillamente lo que la física llama resonancia, es la potencia que se obtiene en un rayo de luz coherente (comúnmente llamado láser).
¿Has observado el fenómeno de miles de asistentes a un concierto de música moderna arrastrados por la fuerza del ritmo? Es realmente como una droga, donde se pierde la identidad personal y el individuo se convierte en parte de algo que le supera y le lleva en volandas a una experiencia diferente. Nunca podría vivir esa experiencia sólo en su casa con la radio o el CD, porque es la fuerza generada por la suma armónica (en fase) de las emociones de los componentes del grupo, una suma donde 2 más 2 dan mucho más que 4.
No, no es lo mismo el concierto en casa, ni el partido de futbol en casa, porque falta esa suma emocional que surge del grupo. Desde luego, la música, ondas en armonía por definición, tienen un efecto claro y directo sobre nosotros, y no por sutil o hasta ahora poco utilizado (conscientemente) es menos importante.
Allí donde haya armonía, ritmo, repetición,… aliñado con un poquito de sincero interés, una medida de buena disposición y sobre todo una dosis de coincidencia de objetivos, se genera una fuerza que puede permitir al grupo conseguir algo que para el hombre solo sería casi impensable.
Estamos mezclando física básica, tecnología moderna, emociones humanas… y otras muchas materias más en las que sería inmediato entrar. Pero, ¿estamos mezclando? Creo que sería mucho mejor decir que estamos sacando a la luz la identidad que subyace en todas ellas. Un camino a seguir, ya te digo.
Sigamos, juntos.

Trazando una línea...

Como esa línea del horizonte, que no separa nada pero que crea el efecto de hacerlo, trazo una línea entre lo anterior y lo nuevo, una línea que también lleva una luz al frente, como siempre hay que llevar para marcar un rumbo (que no un destino).

Sobre el mar de lo vivido vamos avanzando sin poder ignorar esa masa profunda que nos da miedo en su oscuridad, pero que tenemos que reconocer que es la que nos sostiene acá arriba. Y levantamos la mirada a un cielo con nubes entre las que se filtran hermosos rayos de luz. Que la belleza del cielo no nos deslumbre, igual que no nos debe asustar el abismo bajo la superficie. Que seamos capaces de percibir lo mejor posible la totalidad de cada momento, tanto de arriba como de abajo, porque sólo así seremos señores de lo de arriba y de lo de abajo, porque sólo así SEREMOS.
Hace tiempo que empezó el viaje, y el avance sigue sin parar, aunque a veces la falta de claras referencias en alta mar no nos permita una ubicación precisa. Y es que en estos “mares” el GPS no funciona.

Hay indicadores con los que hay que irse familiarizando, aprendizaje que forma parte de esta aventura. Con el trabajo continuo empezamos a darnos cuenta de que no estamos solos, hay otros compañeros en el recorrido, aunque siempre es un recorrido que debe hacer cada cual. Y un día, cuando ya nos creemos con suficiente maestría en el manejo del timón, empezamos a darnos cuenta de que es ahora cuando empieza la verdadera aventura sin fin.
El Arca sigue su rumbo…

Sigamos, juntos.