lunes, 21 de diciembre de 2015

¡Feliz Solsticio de Invierno!

Al inicio de un nuevo ciclo vuelvo a utilizar esta personal composición gráfica que me sigue resultando tan sugerente.

Seguimos avanzando por esa escalera ascendente, volviendo a pasar una y otra vez por la misma vertical, acumulando experiencias en cada vuelta.

Desde la última vez que puse esta foto, el loto ha crecido. Ha seguido creando belleza a partir del oscuro y cenagoso fondo que le sustenta. No hay nada despreciable allí abajo, mas que a la mirada poco preparada.

No es que la flor de loto sea un milagro, sino que tiene la capacidad de transformar en blanco radiante lo que aparece como rechazable oscuridad a los ojos de la visión dualista del mundo. Si has aprovechado adecuadamente las vueltas ascendidas por la escalera, debes empezar a percibir que no hay un fondo sucio y una flor bella, sino un principio único que se nos presenta de diferentes formas.
Nos toca a nosotros fijar la atención (y quedarnos atrapados) en el fondo pantanoso o en la flor resplandeciente, aunque siempre sabiendo que una parte es inseparable de la otra. Incluso deberíamos hacernos conscientes de que la flor necesita al suelo más que el suelo necesita a la flor… ¿es entonces la flor lo único importante…?

Muchos peldaños han quedado atrás desde la anterior (y más pequeña) flor, y ella ha seguido asimilando y transformando lo que el fondo le proporcionaba. Y ha crecido. Ella sola.
No he tratado de limpiar un suelo que creía feo y sucio, sólo he cuidado que posibles chapoteos no salpicaran de barro los delicados pétalos. Y dejado que la planta siga asimilando lo que ella sabe que tiene que coger para seguir adelante. Yo no he hecho nada, sino dejar que la vida siga, como sólo la Vida sabe.

Desde esta más alta vuelta de la escalera sí que veo cada vez mejor algunas cosas, ha valido la pena el esfuerzo. Además, cada vez me gusta más lo que voy viendo, quizás porque haya comprobado día a día, peldaño a peldaño, que ni el lodo sucio era despreciable, ni la bella flor era lo único importante. Quizás haya empezado a ver que es la Vida lo único que cuenta, que esta incluye fango y flor, y que la Vida está precisamente en la constante transformación de uno en la otra. Y que también es la Vida quien está presente en la vuelta de la flor al lodo cuando llegue su momento, cuando vuelvan a juntarse para empezar de nuevo a generar otro bello loto flotando en la superficie del estanque.

Con el solsticio, la vida (el sol) parece detenerse en su progreso por la bóveda celeste, pero en tres días vuelve a recuperarse y reiniciar un nuevo camino de crecimiento. Así cada ciclo, así cada año, así en el cielo y así en la tierra…

Que el tiempo de solsticio (sol-quieto) sea verdaderamente para todos una gloriosa celebración de la romana fiesta del Sol Invictus, y cada uno recoja los mejores frutos con la maduración de una eterna primavera.

¡Feliz solsticio de invierno!


(Y no olvidemos nunca que aquí todo es Símbolo, aunque a veces no alcancemos a verlo).
Y   Y   Y
Sigamos, juntos.

viernes, 31 de julio de 2015

La belleza del conjunto.

En el jardín de mi casa hay un rosal que hoy luce una rosa blanca preciosa, junto a otras ya algo marchitas. Tiene también tallos verdes y fuertes, junto a otros un poco pasados, y hojas relucientes junto a otras muchas que tiran al marrón. Y muchas espinas.

Le pido al jardinero que cuide el rosal, el rosal completo, no la rosa que hoy luce espléndida, que no es más que una belleza efímera. Aunque el rosal use la rosa para, con su belleza, incitarnos a cuidarlo.

No desprecio las rosas menos radiantes, quizás ya cumplieran su misión, o quizás pudieran ser aún atractivas para otras personas. Ni dejo de admirar los tallos que sujetan las rosas, ni las hojas que captan la luz que necesitan para vivir. Y desde luego valoro las espinas, que sólo defienden al rosal, aunque a algunos ojos puedan parecer agresivas. Cada elemento cumple su función, nada sobra.

Advierto al jardinero frente al error de centrar su atención en las rosas más bellas, en lugar de cuidar el riego y el alimento que nutre a todo el rosal. Las rosas pasarán, pero el rosal debe seguir. A unas rosas que mueran seguirán otras igual de bellas…, si la planta está bien cuidada.

Y además de esa bella rosa blanca, y su rosal completo, en el jardín hay otras magníficas plantas, no sólo está este rosal, ni los otros rosales de otros puntos del jardín. Al final, la belleza del jardín está, precisamente, en esa variedad de plantas y flores. Y en ninguna en concreto.

Quizás porque ya llegué al rosal después de disfrutar la belleza de las otras flores diferentes, hoy admiro con diferente criterio la belleza del conjunto, sin pensar que sólo hay rosas, ni que sólo las rosas merecen atención. Ni siquiera que las rosas merezcan más atención que otras plantas.

La belleza del jardín, en mi personal visión, está en el conjunto armónico y equilibrado de todas las plantas, aunque cada uno, naturalmente, nos sintamos más atraídos por unas flores que por otras. Es la belleza de la diversidad, y eso es lo que pido cuidar al jardinero.

Si sólo has admirado esa rosa blanca, te sugiero levantes un poco la vista y disfrutes de las otras flores. Tal vez así llegues a valorar más la rosa blanca, o tal vez descubras que alguna otra flor te resulta incluso más bella que la primera rosa. En cualquier caso, no dejes de admirar la belleza del conjunto, que ese, y no sólo la rosa, es el jardín para disfrutar.

Sigamos, juntos.