viernes, 31 de julio de 2015

La belleza del conjunto.

En el jardín de mi casa hay un rosal que hoy luce una rosa blanca preciosa, junto a otras ya algo marchitas. Tiene también tallos verdes y fuertes, junto a otros un poco pasados, y hojas relucientes junto a otras muchas que tiran al marrón. Y muchas espinas.

Le pido al jardinero que cuide el rosal, el rosal completo, no la rosa que hoy luce espléndida, que no es más que una belleza efímera. Aunque el rosal use la rosa para, con su belleza, incitarnos a cuidarlo.

No desprecio las rosas menos radiantes, quizás ya cumplieran su misión, o quizás pudieran ser aún atractivas para otras personas. Ni dejo de admirar los tallos que sujetan las rosas, ni las hojas que captan la luz que necesitan para vivir. Y desde luego valoro las espinas, que sólo defienden al rosal, aunque a algunos ojos puedan parecer agresivas. Cada elemento cumple su función, nada sobra.

Advierto al jardinero frente al error de centrar su atención en las rosas más bellas, en lugar de cuidar el riego y el alimento que nutre a todo el rosal. Las rosas pasarán, pero el rosal debe seguir. A unas rosas que mueran seguirán otras igual de bellas…, si la planta está bien cuidada.

Y además de esa bella rosa blanca, y su rosal completo, en el jardín hay otras magníficas plantas, no sólo está este rosal, ni los otros rosales de otros puntos del jardín. Al final, la belleza del jardín está, precisamente, en esa variedad de plantas y flores. Y en ninguna en concreto.

Quizás porque ya llegué al rosal después de disfrutar la belleza de las otras flores diferentes, hoy admiro con diferente criterio la belleza del conjunto, sin pensar que sólo hay rosas, ni que sólo las rosas merecen atención. Ni siquiera que las rosas merezcan más atención que otras plantas.

La belleza del jardín, en mi personal visión, está en el conjunto armónico y equilibrado de todas las plantas, aunque cada uno, naturalmente, nos sintamos más atraídos por unas flores que por otras. Es la belleza de la diversidad, y eso es lo que pido cuidar al jardinero.

Si sólo has admirado esa rosa blanca, te sugiero levantes un poco la vista y disfrutes de las otras flores. Tal vez así llegues a valorar más la rosa blanca, o tal vez descubras que alguna otra flor te resulta incluso más bella que la primera rosa. En cualquier caso, no dejes de admirar la belleza del conjunto, que ese, y no sólo la rosa, es el jardín para disfrutar.

Sigamos, juntos.

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