lunes, 21 de diciembre de 2015

¡Feliz Solsticio de Invierno!

Al inicio de un nuevo ciclo vuelvo a utilizar esta personal composición gráfica que me sigue resultando tan sugerente.

Seguimos avanzando por esa escalera ascendente, volviendo a pasar una y otra vez por la misma vertical, acumulando experiencias en cada vuelta.

Desde la última vez que puse esta foto, el loto ha crecido. Ha seguido creando belleza a partir del oscuro y cenagoso fondo que le sustenta. No hay nada despreciable allí abajo, mas que a la mirada poco preparada.

No es que la flor de loto sea un milagro, sino que tiene la capacidad de transformar en blanco radiante lo que aparece como rechazable oscuridad a los ojos de la visión dualista del mundo. Si has aprovechado adecuadamente las vueltas ascendidas por la escalera, debes empezar a percibir que no hay un fondo sucio y una flor bella, sino un principio único que se nos presenta de diferentes formas.
Nos toca a nosotros fijar la atención (y quedarnos atrapados) en el fondo pantanoso o en la flor resplandeciente, aunque siempre sabiendo que una parte es inseparable de la otra. Incluso deberíamos hacernos conscientes de que la flor necesita al suelo más que el suelo necesita a la flor… ¿es entonces la flor lo único importante…?

Muchos peldaños han quedado atrás desde la anterior (y más pequeña) flor, y ella ha seguido asimilando y transformando lo que el fondo le proporcionaba. Y ha crecido. Ella sola.
No he tratado de limpiar un suelo que creía feo y sucio, sólo he cuidado que posibles chapoteos no salpicaran de barro los delicados pétalos. Y dejado que la planta siga asimilando lo que ella sabe que tiene que coger para seguir adelante. Yo no he hecho nada, sino dejar que la vida siga, como sólo la Vida sabe.

Desde esta más alta vuelta de la escalera sí que veo cada vez mejor algunas cosas, ha valido la pena el esfuerzo. Además, cada vez me gusta más lo que voy viendo, quizás porque haya comprobado día a día, peldaño a peldaño, que ni el lodo sucio era despreciable, ni la bella flor era lo único importante. Quizás haya empezado a ver que es la Vida lo único que cuenta, que esta incluye fango y flor, y que la Vida está precisamente en la constante transformación de uno en la otra. Y que también es la Vida quien está presente en la vuelta de la flor al lodo cuando llegue su momento, cuando vuelvan a juntarse para empezar de nuevo a generar otro bello loto flotando en la superficie del estanque.

Con el solsticio, la vida (el sol) parece detenerse en su progreso por la bóveda celeste, pero en tres días vuelve a recuperarse y reiniciar un nuevo camino de crecimiento. Así cada ciclo, así cada año, así en el cielo y así en la tierra…

Que el tiempo de solsticio (sol-quieto) sea verdaderamente para todos una gloriosa celebración de la romana fiesta del Sol Invictus, y cada uno recoja los mejores frutos con la maduración de una eterna primavera.

¡Feliz solsticio de invierno!


(Y no olvidemos nunca que aquí todo es Símbolo, aunque a veces no alcancemos a verlo).
Y   Y   Y
Sigamos, juntos.

viernes, 31 de julio de 2015

La belleza del conjunto.

En el jardín de mi casa hay un rosal que hoy luce una rosa blanca preciosa, junto a otras ya algo marchitas. Tiene también tallos verdes y fuertes, junto a otros un poco pasados, y hojas relucientes junto a otras muchas que tiran al marrón. Y muchas espinas.

Le pido al jardinero que cuide el rosal, el rosal completo, no la rosa que hoy luce espléndida, que no es más que una belleza efímera. Aunque el rosal use la rosa para, con su belleza, incitarnos a cuidarlo.

No desprecio las rosas menos radiantes, quizás ya cumplieran su misión, o quizás pudieran ser aún atractivas para otras personas. Ni dejo de admirar los tallos que sujetan las rosas, ni las hojas que captan la luz que necesitan para vivir. Y desde luego valoro las espinas, que sólo defienden al rosal, aunque a algunos ojos puedan parecer agresivas. Cada elemento cumple su función, nada sobra.

Advierto al jardinero frente al error de centrar su atención en las rosas más bellas, en lugar de cuidar el riego y el alimento que nutre a todo el rosal. Las rosas pasarán, pero el rosal debe seguir. A unas rosas que mueran seguirán otras igual de bellas…, si la planta está bien cuidada.

Y además de esa bella rosa blanca, y su rosal completo, en el jardín hay otras magníficas plantas, no sólo está este rosal, ni los otros rosales de otros puntos del jardín. Al final, la belleza del jardín está, precisamente, en esa variedad de plantas y flores. Y en ninguna en concreto.

Quizás porque ya llegué al rosal después de disfrutar la belleza de las otras flores diferentes, hoy admiro con diferente criterio la belleza del conjunto, sin pensar que sólo hay rosas, ni que sólo las rosas merecen atención. Ni siquiera que las rosas merezcan más atención que otras plantas.

La belleza del jardín, en mi personal visión, está en el conjunto armónico y equilibrado de todas las plantas, aunque cada uno, naturalmente, nos sintamos más atraídos por unas flores que por otras. Es la belleza de la diversidad, y eso es lo que pido cuidar al jardinero.

Si sólo has admirado esa rosa blanca, te sugiero levantes un poco la vista y disfrutes de las otras flores. Tal vez así llegues a valorar más la rosa blanca, o tal vez descubras que alguna otra flor te resulta incluso más bella que la primera rosa. En cualquier caso, no dejes de admirar la belleza del conjunto, que ese, y no sólo la rosa, es el jardín para disfrutar.

Sigamos, juntos.

jueves, 20 de febrero de 2014

Un cuento sobre los maestros de la conducción (¿sólo?)


No dejo de sorprenderme de la cantidad de conductores que se consideran grandes maestros de la mecánica automovilística porque el simple hecho de llevar toda la vida con el mismo coche, y rechazan perder tiempo con libros de nuevas tecnologías del automóvil o probando conducir otros vehículos.

Cuando pasaron el examen del carnet creyeron que en adelante con la sola práctica de lo que habían aprendido en aquellas clases iniciales llegarían a ser grandes expertos, y dejaron de esforzarse en aprender e incluso se atrevieron a dar consejos a los que empezaban.

Sin embargo, se quejan de que el motor se le calienta demasiado, del desgaste excesivo del embrague o del consumo desmesurado de gasolina. La culpa, claro, es siempre de la mala mecánica, del estado de la carretera o del clima exterior, nunca de ellos mismos.

Los talleres se llenan con estos “buenos clientes”, pero también a veces las estadísticas de accidentes se ven trágicamente incrementadas con imprudencias tantos de estos “expertos” como de sus confiados e inocentes seguidores. Inocentes que dejan de serlo cuando pasado el tiempo no se preocupan en formarse por sí mismos, eligiendo seguir las manidas consignas de aquellos que simplemente empezaron antes, aunque nunca llegaran a aprender de verdad.

No tengo nada que enseñar, lo reconozco, pero puedo sugerir las ventajas que me ha reportado probar otros coches para aprender que cada uno tiene el embrague a una altura, e incluso otros no lo necesitan. Y todos van genial en cuanto te adaptas a ellos, sin empeñarte en que ellos se adapten a tu forma de conducir tu viejo coche.

O el mejor rendimiento de la mecánica que llevas cuando sabes algo sobre su funcionamiento interno, no sólo echarle gasolina y pisar el acelerador. Porque aunque la mayoría de los conductores que vemos por nuestras calles y carreteras se desenvuelvan sin estos conocimientos, creo que podríamos esforzarnos un poquito en hacerlo cada vez algo mejor. Por nuestra economía en talleres y gasolineras, y por nuestra seguridad personal y la de los que nos rodean. Si pensamos que podemos hacer con nuestro sufrido coche lo que nos plazca, obviamente no debemos caer en el error de condicionar el futuro de conductores que pudieran aprender todo aquello que quizás nosotros no hemos podido aprender.

Y todo esto sin olvidar que aunque estemos encantados con nuestro coche, lo cual es sin duda estupendo, hay muchas marcas en el mercado y cada una con muchos modelos, como debe ser para que cada uno encuentre la solución adecuada a sus necesidades. Porque el tamaño, la potencia, los complementos tecnológicos, etc., deben estar en función de nuestras necesidades particulares, y no hay un varemos general para determinar el mejor vehículo del mundo, sino el más adecuado para cada uno, algo que muchas veces obviamos en nuestra forma de hablar y actuar.

Por cierto, ¿hablamos sólo de conductores de coches...?. Yo al menos, desde luego que no.

Sigamos, juntos.

domingo, 3 de marzo de 2013

A la Luz del Sol.



El solsticio de invierno no marca, para mí, el final de un ciclo, sino el comienzo de uno nuevo. Es la renovación, no la muerte. Y el comienzo del nuevo ciclo abre nuevas expectativas, nuevas posibilidades, nuevas oportunidades.

Siempre construyendo sobre lo vivido, aprovechando el material ya trabajado para seguir trabajándolo, que no perfeccionándolo, pues perfecto ya es y en ese trabajo lo tenemos que descubrir.

Pero, ya sabemos, el Trabajo no empieza en el momento del nacimiento (solsticio), sino que antes hay que prepararse y madurar, hasta que el día llega a su cúspide y el Sol alumbra adecuadamente toda la Tierra. Entonces empieza el Trabajo.

Ahora, ligero de equipaje porque nada se necesita para continuar este viaje, mirando hacia arriba con la seguridad de dónde está la base más firme, me alegra sentir el Aliento de Vida de la primavera (equinoccio).
Si eliges mirar hacia abajo para no caer al precipicio es muy probable que, como le ocurre al equilibrista poco experto, precisamente entonces pierdas el equilibrio y caigas.

Si te sientes más seguro en la llanura, adelante, sigue avanzando siempre, pero recuerda que la vista más amplia sólo se tiene desde lo más alto de la colina, y que desde abajo puedes deducir erróneamente, no porque lo que veas seas falso, sino porque es incompleto y muy limitado.

Nada hay que justificar ni razonar, porque todo es Justo a la luz de la Razón, aunque esa Justicia y esa Razón no coincidan con las que aplicamos comúnmente. Pero son mucho más justas (y perfectas) y razonables que las que suele aplicar un mundo que ni vive la justicia ni atiende a razones universales. De hecho, todo pivota entorno a la Justicia, y sobre ella está la Razón…

Si piensas que la alternativa que propone la imagen del principio es una locura, estás plenamente en lo cierto, y así se llama precisamente. Pero tú eliges si vivir en lo que el mundo considera “cordura” es lo que quieres.

También puedes elegir algo de esta “locura”, atreviéndote a bajar a la parte más profunda de tu Tierra para darte cuenta de que todo estuvo siempre allí, de que sólo hay que remover las densas capas que lo ocultan, que ignorantemente hemos construido y que cobardemente no nos atrevemos a tocar.

Sí, todo está allí, en el fondo, que es a la vez el punto más alto de la colina, donde el Maestro sostiene la lámpara que nos guía, manteniendo firme el largo bastón que usó en su ascenso. Lo más profundo y lo más elevado. Arriba y abajo. Siempre la vuelta, aunque siempre diferente, la espiral sin principio ni fin, en eterno equilibrio, el eterno retorno. ¿O simplemente El Eterno?.
Y   Y   Y
El gráfico que preside este blog desde su inicio es otra representación de esa necesaria osadía de quienes descorren el velo de las apariencias y miran más allá, de quienes no se dejan engañar por visiones limitadas o emplean todas sus energías en tapar las superficiales heridas de la carne cuando la lepra te está destruyendo por fuera y por dentro, pero desde dentro. Deben sanarse las heridas, pero para curar la lepra y que no surjan nuevas heridas sin cesar hay que ir mucho más allá de la piel.

En tiempos pasados, algunos hombres fueron capaces de ver más allá de estas apariencias y nos dejaron sus interpretaciones para que las aprovecháramos en el futuro. Ahora toca revisarlas a la luz de la nueva ciencia en todas sus ramas (biológicas, físicas, astronómicas,…) para aportar la luz de la razón a aquellas representaciones, limitadas necesariamente por los conocimientos de la época.

Torpe sería por nuestra parte despreciar lo avanzado simplemente por no entenderlo, y refugiarnos en un mundo de rígida lógica que ya debería estar superado. En este ejercicio de “tolerancia lógica” o “lógica difusa”, el primer y mayor beneficiado será nuestra razón consciente, que se irá expandiendo cada vez más hacia el entendimiento de una Razón más profunda y auténtica.

El mismo juego de equilibrio y sincretismo que propongo es el que he seguido (discretamente) en esta entrada del blog, donde he intentado mantenerme en la Columna Central.
Y   Y   Y
Mis disculpas si algunas cosas no se captan bien, pero un día como hoy apenas puedo reprimir expresiones habituales en el “peligroso” mundo de los símbolos. Peligroso desde luego si prefieres seguir sólo con lo que otros han interpretado, porque los símbolos te adentran en un mundo inmenso, libre, abierto, siempre dispuesto a enseñar… si realmente quieres Aprender y Trabajas para ello.

Los símbolos son la vía que personalmente he elegido para liberarme con su estudio, con su ayuda, de las cadenas que nos atan a la dura falsa piedra que soporta una visión invertida de la auténtica Realidad, esa visión literalmente “diabólica”. Hay muchos métodos, pero éste permite el acceso a niveles detalles que no han sido alterados por intereses externos. Hay otras vías, pero esta es la que yo he escogido.

Y hoy, Domingo (“Sun-day”, más claro para los angloparlantes), día 3 del 3er. mes del año 13 de nuestro siglo XXI, un día después de cumplirse los 33 ciclos desde mi personal Primer Paso, inicio un nueva etapa de este caminar sin fin por este Sendero donde el objetivo es precisamente ese, caminar, avanzar, Aprender, Trabajar,… Ser y Estar, Aquí y Ahora.

Simbólico, sí, muy simbólico desde luego. TODO es Simbólico, aunque no alcancemos a verlo.
Y   Y   Y
Sigamos, juntos.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Apuntes de Construcción.


De vez en cuando creo que es bueno repasar los puntos básicos del trabajo, que el tiempo y la costumbre cubre poco a poco con un tenue velo y no nos deja ver con la claridad adecuada aquellos pilares fundamentales.
Y hoy se me ocurre retomar el símbolo del Templo, EL Símbolo para algunos, un símbolo de especial significancia en cualquier caso.
 
 
(Vista aérea de la Catedral de Sevilla)

No ríos, sino mares de tinta se han ocupado de él, pero siempre hay algo más que entrever, algo más que encontrar mirando atentamente. Y quiero compartir unos apuntes personales muy básicos de su construcción, recordando en todo momento que analizamos un símbolo, con lenguaje simbólico.
 
  
En una visión bastante sintética, podemos considerar tres facetas fundamentales que abarcan toda la “vida” del Templo:
1) En primer lugar está desde luego la idea misma del edificio, la sabia concepción de la obra, el diseño que debe presidir de principio a fin el trabajo de construcción.
El plan de la obra debe ser el que guíe el trabajo en todo momento. No valen improvisaciones que pudieran desvirtuar el proyecto o poner en riesgo su mejor resultado.
Todo debe adecuarse al plan, para que no deba ser derribado y en todo ello se pierda tiempo, esfuerzo y a veces entusiasmo.
Los participantes en la construcción deben aprender a leer los planos y esforzarse en entender su particular lenguaje para ejecutar cada una de las tareas necesarias correctamente. Nada ha quedado fuera de ese diseño del proyecto, y todo debe ser considerado con el máximo interés.
 
2) Seguidamente, y para la ejecución material de la obra, están las piedras y sillares que se ordenan y ajustan para sostener con fuerza la estructura naves, cruceros y bóvedas que coronarán la construcción.
Esos duros bloques de piedra deben ser tratados antes de ubicarse en su sitio, trabajando sus caras para que encajen lo más perfectamente posible en el lugar asignado. Siempre se puede requerir algún retoque posterior, afinando más y más en ese objetivo de perfección, y si finalmente alguna piedra no se encuentra  válida para un lugar determinado, seguro que es perfecta para otro diferente.
Nada sobra, aunque a veces cueste encontrar la ubicación más adecuada. Para evitar tensiones internas en la estructura que pongan en peligro la estabilidad de la obra, cada piedra debe prepararse de acuerdo tanto a sus formas de partida como a la posición que va a ocupar en el conjunto.
Porque si se amontonan las piedras sin un buen ajuste, rodarán y caerán, por más que nos empeñemos en sostenerlas a la fuerza en su sitio. A veces, como remplazo de la adecuada preparación, se recurre al uso de complicadas argamasas que rompen antes de fraguar, y se les cubre exteriormente con bonitas pinturas que oculten las peligrosas grietas que amenazan en su interior.
La obra bien hecha no necesita de grandes pegamientos ni de cubiertas que presenten una imagen diferente. Se sostiene por sí sola, apoyada en la firmeza de sus piedras y en su encaje justo y perfecto.
 
3) Finalmente, y como resultado del trabajo realizado, tenemos el bello espectáculo final de la obra, que se levanta majestuosa y serena, luciendo sus muros a la vista del espectador asombrado.
Las buenas piedras brillan por sí mismas, sin necesidad de capas de pintura o cubiertas artificiosas.
El final de la obra es este bello resultado, pero es una belleza y armonía que debe emanar directamente de sus piedras y su acople, no de lonas publicitarias que muestren al visitante una imagen ficticia de los elementos que lo constituyen, por muy “bonita y actual” que sea esa imagen. Que el viento se lleve esas lonas y deje a la vista lo que de verdad hay.
 
No me gustaría cubrir Notre Dame con modernos grafitis ni láminas de plástico. Yo opto por dejar esta “Morada Filosofal” tal y como está, limpiándola, manteniéndola, iluminándola quizás con modernos leds que no la deterioren y que nos permita ver mejor su belleza y su mensaje.
Opto por estudiarla y reinterpretarla, no por ocultarla o despreciarla sin haber sido capaz de aprovechar sus enseñanzas, sus verdaderas bellezas a los ojos del que sabe verlas.
(Vista general de la Notre Dame de París)

Opto por fijarme en los detalles y en su conjunto, porque hay mucho que ver en esas figuras de piedra, cada una en su sitio precisamente. Algunas, claro, de relleno, para satisfacción de quienes sólo ven lo que le han dicho que hay que ver. Otras, ya no tan “convencionales”.
(Detalle de la Catedral de Sevilla)
 
Pero aunque aún no pueda “leer” bien este libro de piedra, agradezco el esfuerzo a quienes trabajaron para dejarnos a la vista esta obra de auténtico Arte. Arte para los ojos, para la mente y para el espíritu, cuando conseguimos liberamos de absurdos prejuicios y somos realmente libres para Ver, Entender y Aprender.

La mayoría de nosotros seríamos incapaces de interpretar una fórmula de química orgánica, pero nos guardamos de calificarla de secreto o peligroso misterio, simplemente no la entendemos. Para el químico, sin embargo, está claramente a la vista qué representa. No se trata de misterio, sino de desconocimiento de la materia.

Y deberíamos ser muy cuidadosos si intentamos “arreglar” esa fachada de la Catedral y quitamos las viejas figuras, no sea que en nuestra ignorancia de la materia quitemos información relevante a los ojos de quien pueda aprovecharla.

Hay símbolos pequeños, como algunas de las figuras o los detalles que éstas portan en la fachada de la Catedral. Otros muy grandes, tanto que aunque nos sean familiares no están fácilmente a la vista (observa el techo en la vista aérea de la Catedral de Sevilla).
Y éstos son símbolos estáticos, porque dentro del Templo, de esta precisa distribución y arquitectura, se desarrollará después el símbolo vivo del rito. Pero eso es otra historia.
 
La sabia idea del proyecto, la fuerza material de sus piedras, la belleza natural del resultado de la obra,…
Pero en este rápido repaso del proyecto de Templo no podemos olvidar un elemento que suele quedar fuera de la consideración del visitante, del simple curioso. Porque detrás y antes de la construcción, detrás y antes de esa idea que parece ser el origen de la obra, siempre está el Arquitecto.
No todo está a la vista del turista que no es capaz de llevarse más que lo que puede recoger su moderna cámara digital. Y el Arquitecto, concebidor de la maravillosa obra, pasa generalmente inadvertido, como pasan inadvertidas las numerosas pistas que dejó en esos libros de piedra que siguen desafiantes, mostrando sus enseñanzas sólo al que consigue ver de la forma en que el zorro enseñó sabiamente al Principito.
Porque al final, recuerda, todo es una imagen, un símbolo, y el Templo que nos ocupa construir ahora usa una piedra de material muy diferente, quizás incluso más difícil de desbastar y ajustar. Todos empezamos a estudiar esta materia con el mayor interés, pero a veces el peso de los metales que no conseguimos dejar al borde del camino nos dificulta en el avance.
Los planos de este Templo son mucho más difíciles de entender que los de la arquitectura universitaria, porque aquí para aprobar el curso de ingreso hay que enfrentarse al más implacable enemigo: a uno mismo. Y muchos son los que empiezan el curso, pero muy pocos, muy muy pocos, los que pasan con éxito las verdaderas pruebas. Aunque casi todos se engañan presumiendo de llegar muy alto…¿dónde?.
 
Sigamos trabajando en la construcción de nuestro Templo, que es lo que se nos ha encomendado. Uno de los manuales de trabajo, uno de los muchos que hay, está a nuestro alcance visual, pero lejos de nuestro alcance real. El objetivo es el camino, el trabajo, y el texto está escrito, también, en libros de piedra.
 
Sigamos, juntos.
 

lunes, 26 de diciembre de 2011

Las Puertas del Tiempo

Cuando decidí hacer un pequeño trabajo sobre el solsticio de invierno, sabía que había un gran simbolismo en torno a  ese evento astronómico tan bien explicado por la ciencia de nuestros días.

Conocía de antemano muchos de los mitos que habían reflejado esos puntos solsticiales como hitos de máxima importancia en la vida del hombre, porque marcaban el comienzo y la mitad del ciclo de la Tierra alrededor del sol, o del Sol en su desplazamiento por el firmamento, como era percibido por nuestros antepasados.

Estudiar de nuevo esos símbolos me ha descubierto una serie de conexiones que me cuesta exponer en la plenitud que quisiera, quizás porque requieran una maduración mayor, quizás porque falten elementos en el puzle mental que se empieza a organizar, quizás porque haya mucho de imaginación en lo que vislumbro,… pero es que sólo la imaginación es capaz de llevarme a donde quiero ir. Aunque mi concepción de la imaginación es muy muy diferente a lo que es para muchos.

Como decía en el frontispicio de la Academia de Platón, “no entren por aquí quienes no sepan Geometría”. Pero como no es mi filosofía prohibir nada a nadie, sólo lo digo como observación, y pido respeto para quienes elijan otras formas de trabajo, todas igual de respetables, y tolerancia por los errores que pudiera introducir en esta primera y rápida versión de mi personal recopilación de ideas.
 

En el inicio de este camino (¡cómo no!) me encuentro con Jano, el dios romano bifronte. Aquí lo tenéis.

Jano tiene dos caras, una mirando al pasado y otra mirando al futuro. Considera lo pasado y su proyección en el futuro. Contempla lo ya sucedido igual que ve el futuro. Conoce el antes y el después, para actuar en el ahora.

Lleva la llave que abre el camino al conocimiento, a la vez que lleva el báculo para recorrer con fuerza ese sendero.

Simboliza el cambio, el inicio de una etapa tras el final de la anterior, la entrada en un nuevo ciclo. Es el eterno curso del tiempo, que vuelve sobre sí mismo una y otra vez, siempre el mismo y siempre diferente. Es la puerta al nuevo año, si consideramos el aspecto astronómico. Es Jano, o Ianus, que da nombre al mes de Ianuarius, traducido por Enero.

El cambio, el inicio y el fin, juntos. Quizás porque inicio y fin no son más que los dos caras de lo mismo; en su base, todo es cambio, movimiento cíclico y continuo. Vivimos en el presente, pero las caras de Jano se dirigen a todo aquello que parece llenar nuestro tiempo, lo que fue y lo que será. Sin embargo, el eje del mundo (o axis mundi) está entre ambos, en este instante aparentemente fugaz que nos hace movernos en la aparente dualidad que nos permite elegir, con la sabiduría de incorporar las experiencias pasadas a la visión del futuro.

En estas fechas del cambio invernal, el sol que cada mediodía se alzaba un poco menos sobre el horizonte permanece tres días saliendo por el mismo sitio, como si hubiese detenido su marcha, como si hubiese muerto en su recorrido celestial,… (Solsticio, Sol quieto). Pero al cabo de esas tres jornadas vuelve a moverse, cada día alcanza mayor altura sobre el horizonte, vuelve a la vida. Es la fiesta romana del Sol Invictus, del 22 al 25 de Diciembre.

Lo mismo, aunque al contrario, ocurre en el Solsticio de verano, cuando el sol alcanza su máxima presencia e inicia la etapa descendente hasta llegar de nuevo al otro punto de quietud en Diciembre.

Si representamos el ciclo anual como un círculo, y una línea horizontal lo parte en dos de izquierda a derecha (o de oeste a este), esta línea marcaría a la izquierda el inicio del ciclo (o semi-ciclo) ascendente (re-nacimiento de la luz), que comenzaría con el solsticio de invierno, mientras el punto de cruce la derecha marcaría el inicio del ciclo descendente (hacia la oscuridad), en el solsticio de verano. Cada una de estas fiestas está marcada precisamente por un San Juan (!) en la tradición cristiana posterior (Evangelista y Bautista, respectivamente).

Se dice que Jano mira hacia el este y hacia el oeste, los puntos de solsticio ascendente y el solsticio descendente astrológicos, actuando como observador y garante de la armonía del ciclo solar y del cosmos en general.

Pero esta misma idea puede representarse también en forma vertical.

Aquí, el sol inicia su ascenso desde el punto más profundo, más oscuro, hasta alcanzar el triunfo máximo en el solsticio de verano, máximo tiempo de luz. A partir de aquí inicia su decaimiento, su descenso de vuelta a las profundidades, de donde volverá a nacer siempre, en su nueva victoria simbólica de la luz sobre las tinieblas.

Esta forma de representarlo es más interesante, a mi entender. Más adelante volveremos a encontrarla.


El solsticio de verano se llamaba también Janus Infernalis, como puerta de entrada a lo inferior, y se asociaba a la entrada de las almas a la encarnación. No se consideraba, pues, la encarnación en este mundo como el paso a la vida, sino como la entrada al mundo inferior. Interesante alusión.

En estas fechas entramos en el reino de Cáncer, cuyo regente es la Luna, asociada a la oscuridad y la noche, pero también al alma y a toda la información acumulada en las sucesivas reencarnaciones.

Por otra parte, el solsticio de invierno se denominaba Janus Coeli, como puerta de acceso de las almas hacia niveles más elevados.

Es la época de Capricornio, cuyo regente, Saturno, era el encargado de segar con su guadaña la vida de los hombres. O liberarlos de las ataduras del plano físico y recoger los frutos de su labor. Por cierto, que se dice que fue Saturno quien otorgó a Jano la facultad de ver el pasado y el futuro, poniéndole en esa posición de privilegio.

Asociado a ambos acontecimientos solsticiales, Jano es el dios de los cambios y de las puertas, del principio y del fin, uniendo en su imagen y simbolismo ambos estados. Y esto último es aplicable tanto en sentido cronológico como en sentido más abstracto y genérico: el fin de todo es realmente el mismo principio de todo, es un regreso al origen, al Principio único sin tiempo.

De hecho, su nombre figuraba al principio de la lista antigua tradicional de los dioses romanos, como dios de dioses o Divom Deus, o como Principium Deorum o dios del Principio. Considero que  “Principio” es el término a destacar, por eso lo pongo con mayúscula.


Jano tenía tres nombres: Ianus, el sacerdotal; Quirinus, el profano; y Arkhanus o Arkhos, el iniciático.

El templo romano de Jano se denominaba de Jano Quirino, y era un cubo perfecto orientado con dos puertas que miraban al este y al oeste, con 12 columnas y mosaicos representativos de los signos zodiacales. Era, como decía la versión profana de Jano, no nos quedemos aquí, aunque no despreciemos desde luego nada en nuestro camino.

Quirinus comparte raíz con curia, co-virio, colectividad o conjunto de personas, ciudad, y Jano Quirino era honrado en la colina del Quirinal, la más de Roma, desde donde velaba por los ciudadanos romanos (llamados quirites, como hombres de paz, en contraposición a milites - componentes del ejército, soldados, asociados a Marte-). Es, pues, un dios protector de convivencia en paz.

El otro nombre a analizar de Jano es Arkhanus (oculto o misterioso), o Arkhos, que nos da una nueva visión de este símbolo que estamos estudiando.

Porque resulta que Principium en griego era Arkhé, de manera que la denominación iniciática de Jano es precisamente el mismo atributo de Principio, en su versión griega. Especialmente significativo, porque nos recuerda a nuestro “arco”, o “puerta” de entrada que hemos visto reiteradamente con anterioridad. Pero mucho más interesante si recordamos que αρχω (“arco” en caracteres latinos) se puede traducir por “el primero”, “el que sabe cómo”, una palabra que nos dará muchísimo juego para un nuevo trabajo ya en cocción.

Sólo una nota más al respecto. El Evangelio de San Juan comienza (principia) con: Εν αρχη ην ο Λογος (“En arkhé en o Logos”), una frase que ahora cobra un nuevo significado. Lo dejo aquí para quienes deseen desarrollarlo también por su parte.

Muy próximo a Jano está otra divinidad quizás menos conocida: Fanes, el dios inicial nacido del huevo cósmico. Su nombre en griego antiguo es Φανης, “luz”.

Representa la luz cósmica, mostrado en este bajorrelieve de la galería Estense de Módena como una figura hermafrodita, en pié, en el centro del óvalo (huevo) zodiacal, con la antorcha que permite avanzar en la oscuridad y el báculo de apoyo (además de otros símbolos…).

En la grafía original de Jano (Ιanus) está presente la idea de “axis mundi” que implica esta deidad, aún más clara en la de Fanes (Φανης), que nos recuerda una de las gráficas que planteábamos precisamente al inicio de este trabajo. También la imagen del bajorrelieve evoca esta idea. Curioso, cuanto menos.



Hemos encontrado en Jano un dios (un símbolo) que une el pasado y el futuro, que es hijo de Urano y de Hécate, del cielo y del infierno, de lo de arriba y de lo de abajo, que está en el principio de todo, en torno al cual gira el cosmos, que preside el cambio continuo y además todos los caminos, todas las puertas, que sin él no se puede llegar a donde moran los dioses… Porque además vigila por la paz y la convivencia, la colaboración, la libertad de elección en su múltiple visión. Visión y elección a la luz del conocimiento que hayamos asimilado en la iniciación o paso por la puerta abierta a todos…

Pero no debemos quedarnos en la simple imagen ni en la mera ceremonia iniciática. Ambos son símbolos, que revelan  algo que está detrás, que re-velan, que vuelven a velar, algo más profundo no explicable con palabras o razonamientos normales, pero accesibles al trabajo personal y constante de quienes busquen con sinceridad. La tierra da sus frutos a quienes la trabajan.

Mucho trabajo por hacer…

La verdadera sabiduría no reside en vanagloriarnos de los conocimientos acumulados, sino en reconocer que sólo tiene verdadero valor lo que hayamos asimilado en nuestro interior. Y eso siempre es muy poco frente a todo lo que nos queda por aprehender (algo más incluso que “aprender”).

Como la imagen de Jano, miremos al futuro aprovechando la experiencia del pasado, porque sólo así podremos vivir plena y sabiamente el presente. Despreciar algo siempre es sólo una prueba más de todo lo que nos queda por aprender.

Lo dicho, mucho trabajo por hacer…


“Los labios de la sabiduría permanecen cerrados, excepto para el oído capaz de comprender”.
                                                                                                                       El Kybalion.